Hace varios meses escribí un post sobre Urban Sketchers, una comunidad que reúne a dibujantes de sketches (bocetos) tanto profesionales como aficionados de todo el mundo, de la que soy miembro. Por segundo año, en el mes de julio se organizará un simposio el que se darán cita muchos de los miembros de esta comunidad para dibujar, intercambiar técnicas y experiencias y aprender en tallleres y curos impartidos por los miembros profesionales. La ciudad anfitriona este año es Lisboa, Portugal, ciudad que ahnelo conocer desde hace años. Ya es oficial: estoy inscrita al simposio y a los talleres. Nunca soñé con participar en un evento así; con conocer a apasionados del dibujo de diferentes partes del mundo, casi no me lo creo. Los talleres se llevarán a cabo al aire libre, en los distintos barrios de Lisboa. Todos iremos armados con libreta, lápices, rotuladores, acuarelas, lápices de colores, carboncillo, o el material preferido de cada quien, para dibujar las calles y los habitantes de la capital portuguesa. ¡Ya siento gran curiosidad y expectación por los lugares, por la gente y por el ambiente que debe existir en una reunión de personas tan disímiles y tan parecidas a la vez!
viernes, 17 de junio de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
To kindle or not to kindle
Se accede a la tienda Amazon directamente desde el aparato, que cuenta con una conexión internet inalámbrica. Lo que me ha asombrado mucho es la instantaneidad de la cosa: basta pulsar unos cuantos botones para elegir el libro entre los cientos de miles que se encuentran disponibles (por ahora, el 99% en inglés, aunque empiezan a surgir opciones de librerías virtuales en otros idiomas), descargarlo, esperar unos segundos para empezar a leer. No todo es agradable en el Kindle; también me llena un terrible sentimiento de culpa cuando pienso que al utilizarlo fomento la desaparición de mis lugares preferidos: las librerías. Cuestión compleja y ética ésta. Un verdadero dilema ante la inminencia de este nuevo modo de leer libros. Para mí, el libro –el real- no está obsoleto ni lo estará aún durante mucho tiempo. Ni siquiera estoy de acuerdo con llamar “libro electrónico” a un lector electrónico. Eso sí, el atractivo principal del Kindle es que nos ha puesto la borgiana biblioteca de Babel a unos clics de distancia.
lunes, 11 de abril de 2011
Cambiar lo cotidiano
Me basta con introducir un pequeño cambio en mi rutina diaria, como pasar por otra calle en vez de la que tomo siempre, participar en un café filosófico un martes en la noche, visitar una galería de arte, probar una nueva receta de cocina, sentarme unos minutos en una banca del parque y observar los árboles, para que todo me parezca nuevo. La sensación de posibilidad no es permanente; se desvanece, pero vuelve en otro momento y me sorprende siempre, como todo lo efímero. Eso es lo placentero. Hacer pequeñas alteraciones en mis hábitos –que son como un par de zapatos cómodos- me permite experimentar ese sentimiento de novedad y ver el mundo con ojos frescos. Lo mejor de todo es que estos cambios, por ser tan pequeños, están disponibles en cualquier momento, solo tengo que ir a buscarlos.
domingo, 27 de marzo de 2011
Sentirse en casa
Una se siente parte de esta cultura al cumplir con el ritual de quitar de los clósets la ropa de invierno y reemplazarla por la de entretiempo. La de verano la sacará más tarde, en junio.
Se siente una de acá cuando su círculo de amigos empieza a expandirse y de pronto tiene varias invitaciones a cenas, aperitivos o reuniones diversas. Cuando, al regresar de algún viaje a la ciudad en la que ahora vive, siente que vuelve a casa. Cuando empiezan a parecerle familiares las costumbres y los horarios de su nuevo país, y le parece lo más normal del mundo que los domingos las tiendas permanezcan cerradas.
Al cabo de varios años, una por fin se siente en casa.
viernes, 25 de marzo de 2011
L’Arbre à talents, café-galería
viernes, 11 de febrero de 2011
Adiós, letargo invernal
miércoles, 12 de enero de 2011
De la importancia de la poesía
Un día en diciembre, encontré un librito titulado Why poetry matters? (¿Por qué tiene importancia la poesía?). Me encantó desde que lo hojée en la librería; lo traje a casa y lo degusté. Luego lo regalé a una amiga. Traduzco un pasaje que me gustó especialmente.
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2008, Yale University Press.
lunes, 3 de enero de 2011
Metamorfosis
No, no las de Ovidio ni la de Kafka, sino las que sufrimos todos cada día en el curso de nuestra vida. Me levanto, me miro al espejo el primer día del año y descubro con asombro que no soy la misma que fui hasta hace muy poco. Las primeras arrugas y las primeras canas han hecho su aparición y van cambiando mi fisonomía. El cambio también abarca mis gustos (disfruto más ahora la viola de gamba de Jordi Savall que una rola de Morrissey), mis convicciones y mi visión de la vida (que se ha vuelto más optimista con el paso del tiempo, o tal vez mis expectativas se han vuelto más realistas). Me pregunto si lo que me ha cambiado ha sido el tiempo, el haberme ido lejos de lo que era famiiar, o una mezcla de ambos.
A lo largo de nuestra vida somos una serie de personas diferentes. Recuerdo con afecto a la adolescente que fui, absorta en su mundo de libros y de música y aún ahora reconozco algo de ella en mí. Pienso en la joven viajera que empezó a descubrir el mundo en los años 90; pienso en sus ganas de “aprehender” todo, de conocer otras formas de vivir. La celebro cada vez que regreso a un lugar que ella vio por primera vez o cuando como algo que un día ella probó por primera vez. Pienso también en la maestra de francés que llegó a Suiza y tuvo que reaprender otras reglas y otras costumbres hasta que un día las consideró normales.
Cambiamos; cambiamos imperceptiblemente cada día. Pese que mi signo -capricornio- me hace renuente al cambio, compruebo cada vez más que los cambios son positivos y nos permiten evolucionar.
Hablando estos días con amigos cercanos, me he dado cuenta de que ellos también han cambiado, de que los animan otros sueños, de que persiguen otras metas. Algunos han cambiado radicalmente de forma de pensar. Solia creer que mis amigos seguían siendo aquellos que deje de ver hace años, y sin embargo, en todos se han operado metamorfosis. El desafío consiste –pienso- en seguir encontrando terreno en común pese a los cambios, en recordar quiénes fuimos sin temer a los cambios, que nos permitirán llegar a ser lo que aspiramos ser.
jueves, 30 de diciembre de 2010
Los últimos días del año
Cómo disfruto estos días entre la Navidad y la Noche vieja. Terminó la agitación de los preparativos navideños. Todo está en calma. Nuestro ánimo sigue festivo, pero ya no salimos mucho ni tenemos compromisos. Afuera, nieva por momentos y luego la nieve va convirtiéndose en lluvia. El cielo está gris y hace frío. No dan ganas de salir a la calle; preferimos arrellanarnos en el sofá o en el sillón, cada uno con su lectura. Dom prepara té; ponemos un CD de jazz o de música de temporada (sobre todo Bach y Haendel este año) y volvemos a nuestro libro. Así pasamos la tarde, entre charla y lectura. Así transcurren estos últimos días del año: lentos, tranquilos, domésticos.
martes, 28 de diciembre de 2010
Esta Navidad
¿Cómo celebramos esta Navidad? Como ya se ha vuelto tradición, la celebramos anticipadamente en Estrasburgo, en casa de nuestros queridos amigos Jill y Jean-Marie. Pasamos unos días de animadas conversaciones en torno al árbol de Navidad tomando vinito caliente; visitas al mercado de Navidad; salidas a la ópera (La belle Helène, de Offenbach) y a un buen restaurante, en el que festejamos los cumpleaños de Dom y de Jean-Marie.
De vuelta en Ginebra, celebramos con Liz, nuestra amiga entrañable y con Mariana y Anilú, sus dos sobrinas, que llenaron la casa de alegría y entusuasmo. Fue una Navidad blanca (ha estado nevando desde el día 24); una Navidad de reencuentros, de gratos momentos, paseos, películas de temporada, té calientito al llegar a casa después de un día en el frío.
En medio de la alegría, también añoramos mucho a nuestra querida tía Bety (Ticho), mi segunda mamá, que partió muy pronto dejándonos un vacío infinito. Ella adoraba esta temporada, y recordar con qué entusiasmo decoraba su casa, escogía sus regalos y esperaba con impaciencia que llegara diciembre nos ayudó a no estar tristes esta primera Navidad sin ella El día 24 en la mañana subimos en tren de cremallera al Rocher-de Naye, en los Alpes, a donde fuimos con ella. Ahí arriba, evocamos con amor y gran nostalgia aquel paseo que hicimos juntos hace apenas unos años.
Extrañamos mucho por supuesto a nuestros amigos más íntimos y a nuestra pequeña familia en México, sabiendo que estas fiestas serían difíciles para todos; el primer diciembre sin nuestra mamá Ticho, que ahora vive en el corazón de cada uno de nosotros.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Café y amigas
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| Foto: Pexels.com |
domingo, 5 de diciembre de 2010
Lecturas invernales
domingo, 28 de noviembre de 2010
Viajes y sueños
La emoción de un viaje comienza para mí con las lecturas previas al viaje (ensayos, novelas, guías sobre el destino anhelado) y luego, una vez atravesado el averno de las largas filas del control de seguridad, ya instalada en la sala de espera del aeropuerto, mirando a la gente que se prepara para volver a casa, al mismo país hacia el que también me dispongo a partir. Escucho conversaciones en lenguas extranjeras y desde ese instante ya me siento en Londres en Montreal, en Nueva York…
El avión despega; mi estómago siempre lo resiente.
Ya en el cielo, me dejo invadir por una gran quietud. Miro las nubes que ondulan como una marea infinita y reconozco en el interior de ese momento la felicidad perfecta. Me invade la sensación mágica que experimentaba la víspera de Navidad, cuando era niña. Aquí, en este avión, rodeada de desconocidos, a diez mil metros de altitud, empiezo a anticipar la sorpresa, los descubrimientos que todo viaje depara.
Leo un rato. Por momentos, me pongo los audífonos y me sumerjo en la música que llevo conmigo o en la de la cabina –por cierto, de esta manera he descubierto a artistas diversos-. Saco mi libreta y tomo algunas notas. Más tarde, despliego el mapa de la ciudad en la que voy a aterrizar para hacerme una idea de ella (si nunca antes la he visitado), o para recordar momentos que viví ahí en el pasado. Un mapa constituye siempre un itinerario para mis sueños. Ingrávidos, estos transitan por lugares que me han quedado impresos en la memoria: el cafecito al que mamá y yo entramos la última vez en París, hace una eternidad; la primera nevada que ví, en Boston, hace tantos años; la ópera de Viena; un mercado de pulgas en Ámsterdam, el boulevard Saint-Laurent, en Montreal; la librería londinense Murder and Mystery -que nos gustó tanto a Dom y a mí y que cerró recientemente- en Charing Cross Road.
Un ligero sacudimiento nos indica que el avión está aterrizando. Veo rostros somnolientos que se despiertan. Los niños se pegan al cristal de las ventanillas para mirar mejor las cúpulas de las iglesias, los rascacielos, los autos minúsculos que circulan por enormes autopistas, los parques que parecen apenas pequeños rectángulos verdes.
Por fin llegamos: Equipaje; aduana. Aún no salgo a la calle y todo me dice ya que he cambiado de país. Los anuncios no son los mismos; veo otras fisonomías, otras vestimentas.
Salgo por fin y la ciudad me recibe con un cielo azul pizarra de otoño o con luces multicolores y viento gélido de invierno. Ciudades. Espacios en los que ya he dejado algo de mí misma o a los que volveré más tarde, en busca de lo que dejo ahora.
martes, 16 de noviembre de 2010
Un bel partir
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| Foto: Pexels.com |
lunes, 1 de noviembre de 2010
Haikús para noviembre
viernes, 15 de octubre de 2010
Nuestras ocupadas vidas
lunes, 11 de octubre de 2010
"Crónica de los días que pasan" cambia de nombre
Puesto que desde hace ya siete años (no deja de sorprenderme cómo vuela el tiempo) vivo en esta ciudad y escribo desde ella y sobre lo que aquí vivo, me pereció que su nombre debía figurar en el título de este espacio, como pequeño reconocimiento a un lugar que se ha convertido en mi hogar y en escenario de experiencias que me ha enriquecido y transformado.Por lo demás, la bitácora no cambia. Seguiré escribiendo sobre cuestiones que me interesan. También quisiera escribir más sobre la ciudad misma.
Estos días, las exigencais cotidianas (principalmente la tesis y traducciones para una organizaión internacional) no me dejan apenas tiempo para escribir, incluso esta breve entrada, lo que resulta paradójico, pues paso el día escribiendo. Escribir en el blog es algo diferente; es una escritura personal, a veces íntima, que me permite llegar a personas queridas que no están conmigo en Ginebra, a todos esos amigos a los que no puedo llamar y para vernos dentro de una hora en "Les Recyclables" para tomar café y contarnos cómo nos ha ido el día, la semana.
A los que están aquí, que también leen este blog, qué les parece vernos pronto para un café o un vinito?
viernes, 1 de octubre de 2010
Llegó el otoño
Cuando recién llegué a Suiza, me sorprendió ver cómo la vida de la gente se organiza alrededor de las estaciones del año. En verano, se vive al aire libre y a nadie se le ocurre ir al cine salvo si es al aire libre, mientras que en otoño, las actividades pasan al interior. En octubre, lejos quedan los días del verano en que anochece a las 10 P.M; los días cada vez son más cortos. Los museos presentan nuevas exposiciones y empieza la temporada de teatro y de conciertos clásicos. En cuanto tenga un momento libre, echaré un vistazo al programa del teatro de Carouge (nuestro barrio), que cada año nos sorprende con puestas en escena de obras contemporáneas o clásicas siempre originales, como la memorable “Casa de muñecas”, de Ibsen, que Dom y yo disfrutamos tanto hace un par de años.
Actividad muy propicia para días fríos.
sábado, 25 de septiembre de 2010
Urban Sketchers
Desde hace unas semanas soy flamante miembro de Urban Sketchers, una organización no lucrativa que reúne a decenas de dibujantes tanto aficionados como profesionales de todo el mundo, que “dibujo a dibujo”, muestran el lugar en el que viven.
Urban Sketchers (USK) fue creada en 2009 por Gabriel Campanario, periodista e ilustrador español radicado en Seattle, y que en 2007 tuvo la idea de poner en contacto a entusiastas del dibujo en diferentes países con el fin de formar una red. Para pertenecer a esta comunidad, hay que ser un apasionado del sketch (boceto, apunte o dibujo rápido). USK no está reservado a los profesionales de las artes visuales ni de la ilustración, sino que está abierta a toda persona para quien dibujar sea parte de su vida diaria. En mi caso así ha llegado a serlo. USK es una comunidad de encuentro y de intercambio entre gente que pasa sus momentos libres registrando con lápiz y papel escenas cotidianas. Algunos de los propósitos de USK son:
-Dibujar en exteriores y en directo
-Describir las ciudades donde vivimos y a las que viajamos
-Documentar con dibujos momentos y lugares
-Utilizar diferentes técnicas y materiales y cultivar un estilo propio
-Apoyarse mutuamente y reunirse para dibujar cuando sea posible
-Compartir dibujos en línea
-Mostrar el mundo, dibujo a dibujo
Haciendo click aquí se puede ver la lista de miembros por países. En Suiza, hasta el momento, somos sólo tres. Espero que este número aumente, pues me gustaría mucho conocer a otros entusiastas del sketch y reunirnos en uno de los sketchcrawls (maratones de dibujo) que se organizan varias veces al año en muchas ciudades alrededor del mundo.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Domingo
Nuestro típico domingo empieza con café, croissants calientitos, un brioche o con pan multicereal, salidos del horno de una de las varias panaderías de Carouge, nuestro barrio. Para acompañar el pan, mermelada de naranja, de frambuesa o miel cremosa, que untada sobre una rebanada de brioche es una delicia. El desayuno en la parte de habla francesa de Suiza, donde vivimos, es dulce. En la parte de habla alemana es salado, con diferentes tipos de pan, quesos y carnes frías. Sin embargo, en ningún caso es caliente Ya me he acostumbrado, aunque no dejo de recordar con gran nostalgia los desayunos en México, con huevos, chilaquiles, molletes, enchiladas, hot cakes y tantas otras cosas ricas. Aquí, el brioche y los croissants se reservan para los domingos. El resto de la semana desayunamos café, pan tostado, yogurt o muesli. En Suiza, por protección de las condiciones de trabajo, los domingos todos los comercios están cerrados, con excepción de unos cuantos, como las panaderías, que abren por la mañana y se llenan de gente en busca de pan para un tardío desayuno. También abren las pastelerías, que los domingos exhiben en sus vitrinas apetitosas tartas de manzana o de ciruela, strudels o éclairs de chocolate de los que, si uno va después de las cinco de la tarde, ya no encuentra casi nada. Los cafés también están abiertos, y a eso de las tres de la tarde también se llenan de gente que se encuentra con amigo a tomar un café, un vinito o un helado. En México, pienso, el domingo a las tres de la tarde es la hora de la la comida. Nadie iría a tomar un café a esa hora (¿o si?). Aquí la hora de la comida es a las doce o a más tardar a la una, por lo que las tres es la hora del café, que en México tomamos a eso de las 5 o 6, a veces incluso más tarde. Me resulta curioso pensar cómo la vida de las personas se organiza en unos y otros lugares en torno a horarios definidos quién sabe cómo hace quién sabe cuánto tiempo. Costumbres que nos permiten funcionar en una determinada sociedad. ¡Nunca por ejemplo, podría invitar a alguien aquí a comer a las tres de la tarde o proponer café a un amigo en México a esa hora!
El resto del domingo transcurre entre lectura del periódico, un paseo en el parque, encuentro con algún amigo para café –a las 3:00- o película en casa y revisión de pendientes para la semana.


