Y casi sin darme cuenta llegamos al final del verano y como cada año, siento que no he tenido suficientes días de campo en el parque, que no he paseado bastante a la orilla del lago y que no he bebido suficiente té helado. Lo curioso es que sí, sí he hecho todo eso; pero quisiera más. Quisiera que los despreocupados días estivales se prolongaran, que los días siguieran siendo largos, que siguiera habiendo fresas, frambuesas y tantas otras frutillas de esta temporada, que siguiera brillando el sol y el cielo siguiera azul y despejado. martes, 31 de agosto de 2010
Placeres de agosto
Y casi sin darme cuenta llegamos al final del verano y como cada año, siento que no he tenido suficientes días de campo en el parque, que no he paseado bastante a la orilla del lago y que no he bebido suficiente té helado. Lo curioso es que sí, sí he hecho todo eso; pero quisiera más. Quisiera que los despreocupados días estivales se prolongaran, que los días siguieran siendo largos, que siguiera habiendo fresas, frambuesas y tantas otras frutillas de esta temporada, que siguiera brillando el sol y el cielo siguiera azul y despejado. domingo, 15 de agosto de 2010
Este blog cumple un año
Escribir para una misma, sí, pero también para otros, pues es mucho más interesante que lo personal vaya más allá de la anécdota y logre resonar en otra sensibilidad. ¡Qué lujo es, para quienquiera que escribe, tener lectores! Este blog existe y se mantiene gracias a ustedes, lectores asiduos u ocasionales que, desde varios lugares del planeta, se detienen en sus páginas y dedican tiempo valioso a leerlas y a veces, a dejarme comentarios. Es un auténtico regalo.
Este blog es una huella de los momentos efímeros que muy pronto se convierten en pasado, pero que gracias a la tecnología quedan archivado en un lugar del ciberespacio. ¡Cómo se habrían alegrado muchos autores de diarios de otras épocas si hubieran podido hacer perdurar así sus escritos!
jueves, 12 de agosto de 2010
Momentos robados
París. Puente Louis-Philippe. Después de una mañana de pasear o, mas bien, de “flâner” (verbo francés que significa pasear sin prisa y sin objetivo determinado) cerca de Notre-Dame, nuestros pasos nos llevan hacia el Marais, un barrio que nos gusta por ser tan diverso. Antes de adentrarnos en sus calles, en las que conviven varias comunidades -por ejemplo, la judía ortodoxa y más recientemente, la comunidad homosexual- y justo al final del puente Louis-Philippe, vemos un restaurante encantador en una callecita casi cerrada y con pocos transeúntes. En el interior, el restaurante es una mezcla de tradición y modernidad, decorado en rojo y negro, madera, grandes ventanales. Sobrio, resplandeciente. Sin embargo, Dom y yo sucumbimos al encanto de su terraza, característicamente parisina. Nos instalamos. El mesero, muy atento, nos trae la carta, que contiene excelentes ejemplos de la cocina francesa: coq-au-vin, canard à l’orange, bœuf bourgignon, entrecôte parisien, precedidos de excelentes ensaladas. Ensalada verde y entrecôte para los dos. Pero antes, como aperitivo, Chablis muy frío. El mesero trae la botella de vino, la abre, Dom lo degusta, asiente, y después de llenar nuestras copas, para mantener frío el vino, el mesero pone la botella en un recipiente de metal lleno de hielo que fija en el borde de nuestra mesa. El vino está delicioso, afrutado, como si en él se concentrara el sabor del verano. Hablamos de muchas cosas; de los libros que encontré en Shakeaspeare and Company, del museo subterráneo que Dom descubrió bajo Notre-Dame, mientras yo pasaba horas en la librería; de lo que hemos visto en los últimos días; de nuestros proyectos para el futuro. Sorbo a sorbo, nos terminamos la botella de Chablis y llegan nuestros platos… y dos grandes copas de vino, tinto esta vez. Todo está delicioso. Sencillo y delicioso. Para el postre, para mí, fondant au chocolat, para Dom, tarta de limón. Para cerrar con broche de oro, Dom pide champaña para los dos. Sin darnos apenas cuenta, han pasado casi tres horas. Definitivamente, hoy es una de esas ocasiones especiales que no se planean, sino que surgen, uno de esos momentos robados a la vida cotidiana, que después de años se recuerdan aún. Las miradas cómplices entre dos personas que se aman, la conversación, la agradable sensación de embriaguez que agudiza los sentidos, los colores, la felicidad. Último bocado de fondant au chocolat, últimas gotas de champaña. Más tarde, caminando por el Marais, nos sentimos aún embriagados de vino y de felicidad. ¡Qué bien hace permitirse una locura de vez en cuando!
Chez Julien, 1, Rue Pont Louis Philippe, 75004 París
jueves, 29 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Simplificarse la vida
-Evitar comparar objetos voluminosos o complicados que suponen un lastre en energía y tiempo.
-Pensar que el cambio es lo que mantiene viva nuestra casa
lunes, 5 de julio de 2010
Objetos, objetos y más objetos
domingo, 27 de junio de 2010
Lecturas estivales
Casi acaba junio y no he podido escribir sobre lo que se ha ido acumulando en las últimas semanas. Terminé todos los exámenes finales del último semestre de la maestría (¡exhausta!) y ahora sí deberé dedicarme a la famosa tesis que he ido posponiendo desde hace meses. Sin embargo, necesito hacer una pausa, pues por el momento me siento saturada intelectualmente y lo que más anhelo este verano es volver a leer literatura, a entusiasmarme, a zambullirme de nuevo en la lectura placentera de novelas, relatos y poesía. Los libros que quiero leer han ido aumentando durante los últimos meses: L’élegance du hérisson, de Muriel Barbéry (la película me conmovió tanto que espero con impaciencia leer la novela), Never let me go, del escritor británico de origen japonés, Kazuo Ishiguro; Too much happiness, de la canadiense Alice Munro; Afterdark, de Haruki Murakami, El viento de la Luna, de Antonio Muñoz Molina (autor que recién descubrí y que se ha convertido en un favorito), De qué hablamos cuando hablamos de amor, de Raymond Carver, El hipnotista, de Alexander y Alexandra Ahndoril, un matrimonio de escritores suecos que publican bajo el pseudónimo de Lars Kepler. Todos estos, sin olvidar el más reciente volumen de la serie The Sunday Philosophy Club y 44, Scotand Steeet, del autor escocés Alexander McCall Smith. Dom y yo disfrutamos mucho leer al alimón sus historias, que tienen como telón de fondo el Edimburgo actual, con sus diversos ambientes y personajes; un verdadero viaje a la capital escocesa.
¡Se aceptan sugerencias de libros favoritos!
lunes, 21 de junio de 2010
El día más largo del año
Hoy empieza el verano en el hesmiferio norte. Tras una primavera más bien fría en Europa, esperamos impacientes el buen tiempo. Estas últimas semanas, hemos tenido en alternancia días con sol y días nublados. Hoy, 21 de junio, es el día más largo de 2010. Amaneció a las 5:43 y anochecerá a las 21:30. Este día, el Sol se encuentra sobre el Trópico de Cáncer, lo que se traduce en el mayor periodo de luz de todo el año.
Aquí, empezamos ya a soñar con largas tardes estivales en una terraza tomando un aperitivo; empieza a antojársenos estar al aire libre y el agradable fareniente del verano.
A partir de hoy los días se irán acortando. No importa; aún nos quedan muchos largos días de sol. Hoy empieza oficialmente el verano, la estación en la que -como dice una vieja canción de jazz- se vive más ligero.
miércoles, 26 de mayo de 2010
La fiesta de los vecinos
Cada año, el último martes de mayo se celebra en Suiza y en varios países europeos la Fiesta de los Vecinos. Se creó en 2004 como una iniciativa para promover e contacto entre las personas que viven en un mismo edificio y que solo se cruzan en el corredor, en la entrada o en el elevador de vez en cuando y se intercambian, eso sí, un educado “buenos días”.
A mí, que vengo de una sociedad en el que el contacto entre la gente es frecuente y espontáneo -en México en un dos por tres se improvisa algo; una comida o una reunión-,me resultó sorprendente enterarme de esta reciente tradición y participar en ella. En mayo de 2009, ocho millones de europeos convivieron (verbo imposible de traducir con precisión al francés o al inglés; e ignoro si a otras lenguas) con sus vecinos en 30 países durante la velada europea de los vecinos. Esa fue la primera a la que asistimos Dom y yo desde que estamos en Suiza y ahí hicimos dos nuevas amigas.
Todo se organiza con antelación: a cada quien le toca llevar algo; un platillo, una ensalada, una botella de vino, queso, etc. Esto es un poco exótico aquí, y es una excepción, pues las reuniones en las que cada invitado debe llevar un platillo son prácticamente desconocidas acá (tal vez se las considera demasiado informales) y se llaman “buffet canadien”; ignoro la razón; tal vez sea porque en todo el continente americano acostumbramos este tipo de reuniones. La fiesta de los vecinos es una velada en la que se convive con personas que uno apenas conoce que durante unas horas nos permiten entrar un poco en sus vidas, -las que el resto del tiempo permanecen en la más aboluta discreción-.
Ayer fue la fiesta en la entrada de nuestro edificio (y en toda Europa); esta vez, Dom y yo solo nos quedamos un ratito, pues cuando regresamos a casa ya era tarde y estábamos cansados. Aún así, la pasamos a gusto.
Después de casi siete años, sigo descubrendo este país donde vivo.
lunes, 10 de mayo de 2010
Haikús para Cris, Nina, Ticho y Nena
te extraño cada día
-no sólo en mayo
No te habías ido;
todo había sido un sueño
-pensé entre sueños
Y para siempre
fijas tú y yo en la foto
de un abrazo eterno
¿Te acuerdas, en Venecia
comimos un helado
en vez de almuerzo?
¿Y qué recuerdo?
Todo –o casi todo
Temo tanto al olvido
domingo, 2 de mayo de 2010
Vivir entre libros
Están por todas partes en casa: en la recámara, en la mesa de la sala, en mi escritorio, y por supuesto, llenando los libreros. Dom y yo vivimos rodeados por ellos. La pasión por los libros puede a veces llegar a convertirse en un problema práctico en términos de espacio. Si uno es lector ávido y adquiere libros con frecuencia, a lo largo de su vida irá constituyendo una biblioteca bastante importante. En ciertos momentos resulta necesario deshacernos -no sin pesar- de algunos de algunos de ellos, como me sucedió cuando dejé México para instalarme en Suiza. Solo guardé una tercera parte de mi biblioteca; otros se quedaron en las bibliotecas de nuestra familia y amigos y el resto en una librería de viejo. Recuerdo la camioneta que llegó para llevarse aquellos libros demasiado voluminosos para hacer un viaje trasatlántico. Recuerdo haberme sentido desconsolada de verlos partir, pues muchos de ellos habían estado conmigo por años. Recordé lo que Günter Grass dijo una vez sobre las bibliotecas personales de las que hay que separarse cuando uno se va a vivir a otro lugar: en cada nuevo lugar en que había vivido, el escritor había vuelto a hacerse de una biblioteca totalmente diferente de la que tenía.
Muchos libros de los que dejamos en México fueron llegando gracias a la generosidad de mi amiga Liz y de sus hermanas, que en cada viaje a Europa, nos traían una maleta llena de libros. Al cabo de varios años de vivir aquí, he comprobado cuánta razón tenía Grass, pues nuestra biblioteca se ha enriquecido y ha cambiado de fisonomía, de lenguas, de temas, de autores. Ha ido evolucionando con nosotros
Por la manía que tenemos Dom y yo de comprar más libros de los que podemos leer, estos se van acumulando en espera de unas horas libres que me permitan ponernos al día con las lecturas pendientes. Muchas de ellos tendrán que esperar meses (tal vez un par de años) para que por fin les llegue su turno: London, the biography de Peter Ackroyd (787p) , El hipnotista, de Lars Kepler (611p) o The shock doctrine de Naomi Klein (576p). Aunque me cueste aceptarlo, unos cuantos -una pequeñísima minoría- no los leeré probablemente nunca. Son libros cuya adquisición obedeció a un interés momentáneo, olvidado ya. En cambio, algunos otros, empiezo a leerlos en la librería y luego, ávidamente, en el tranvía, de camino a casa. Ya bien instalada en mi sillón, sigo leyendo hasta terminar (a veces hasta ya entrada la madrugada).
Entre todos los libros que viven con nosotros, hay algunos que pertenecieron a mamá, como El cuarteto de Alejandría, de Lawrence Durrel, que leo en pequeñas dosis y de vez en cuando, para prolongar la lectura de un libro que para ella era apasionante.
¡
Están también los libros de referencia (diccionarios monolingües, bilingües, de uso, combinatorios o visuales) y otros “inseparables” que han estado conmigo durante años; que han atravesado épocas y lugares y a los que vuelvo a menudo: Cartas a mujeres y Un cuarto propio, de Virginia Woolf, las novelas de Carson McCullers, , los ensayos y las novelas de George Orwell, la poesía de Adrienne Rich, Le deuxième sexe, de Simone Beauvoir, El encanto de la vida simple, de Sarah Ban Breathnach, las Crónicas del Plateau Mont-Royal, del quebequés Michel Tremblay y un largo etcétera. Más recientemente, los ensayos de Alain de Botton algunas novelas de Haruki Murakami y “Millenium”, de Stieg Larsson se han sumado a estos “inseparables”
Útimemente, también me he vuelto entusiasta de los libros de cocina. Me encanta el diseño y las fotos de algunas ediciones, como ésta, que solo con ver las portada, dans ganas de abrir el libro.
Ayer me di una vuelta por el Salón del libro de Ginebra. Mis adquisiciones: Pratique du dessin de Camille Rouy, Eating for England, de Nigel Slater (ensayo sobre las costumbres de los británicos en materia de gastronomía) y txtng, the gr8 db8, del lingüista británico David Crystal (un ensayo sobre cómo el el fenómeno de los sms afecta la sintaxis de los idiomas).
¡Larga vida al libro impreso!
sábado, 24 de abril de 2010
Tu ausencia
Hoy es un luminoso sábado de primavera. El sábado era el día en que acostumbrábamos hablar un largo rato por teléfono. Te contaba cómo me había ido la semana y me hablabas de la tuya. A veces, en el momento en que me contestabas, te ponía una canción de Sinatra o de Aznavour, lo que te hacía rememorar momentos felices. Nos reíamos mucho recordando anécdotas. Hablábamos también sobre tu juventud y en los últimos tiempos, te gustaba contarme sobre mi más temprana infancia; una edad de la que no tengo más recuerdos que los que tú me regalabas.
Hoy, meses después, me llegó de golpe el pensamiento de que nunca más volveremos a tener conversaciones sabatinas. La idea me tomó por sorpresa. Como si lo hubiera sabido sólo en teoría y ahora apenas me diera plena cuenta de ello. Me abatió una tristeza inesperada. Me quedé mirando un largo rato a través de la ventana la montaña, el río, las nubes. El mundo es maravilloso, pensé. Sin embargo, comprendí que todo lo que necesitaría compartir sobre él contigo se quedará guardado para siempre y que tu ausencia seguirá doliéndome aún por largo, largo tiempo.
jueves, 15 de abril de 2010
Millenium
Hace mucho que un libro no nos apasionaba ni nos atrapaba literalmente a Dom y a mí como lo ha hecho Millenium últimamente. Nos hemos sumergido en esta obra monumental de Stieg Larsson, periodista y autor sueco fallecido a la edad de 50 años en 2004, (el mismo año de la publicación de Millenium en Suecia). Millenium es una trilogía cuyos volúmenes suman algo más de 2000 páginas. Es un retrato de la sociedad contemporánea de principios del siglo XXI; una "Comedia Humana", a la manera de la inmensa obra de Balzac en el siglo XIX. Además de los protagonistas, principales, en Millenium hay un gran número de personajes secundarios perfectamente delineados y verosímiles. Los temas presentes en la novela -periodismo, informática, economía, política, psiquiatría, entre muchos otros- constituyen una radiografía de la sociedad occidental actual. Estoy convencida de que dentro de varios siglos, este libro servirá como documento de referencia para entender los primeros años del presente milenio.
Millenium atrapa al lector desde las primeras páginas. En palabras de Mario Vargas Llosa (ver su artículo "Lisbeth Salander debe vivir"), Millenium nos devuelve el placer de las primeras lecturas de infancia y juventud; aquellas que nos mantenían despiertos hasta altas horas de la noche. Pese a la crudeza de los asuntos que aborda, Millenium es un libro esperanzador. No todo es sórdido ni está corrompido, nos transmite; hay también personas con principos éticos en todas las instancias de la sociedad. Es además un libro poblado de mujeres fuertes, inteligentes y decididas.
Fundamentalmente, Larsson creía que las bases de la democracia son la labor periodística ética y la impartición adecuada de la justicia. Para Larsson, estas instituciones nos protegen de los totalitarismos y son los guardianes de la democracia.
En filigrana, como telón de fondo de la intriga principal del libro, está la vida contemporanea en Suecia. El lector de Millenium recorre las calles de Estocolmo, sus cafés y sus tiendas; entra en los apartamentos de los protagonistas y los acompaña en su deambular urbano o por parajes alejados. Millenium aborda una profusión de temáticas. En algunas de ellas ahonda, en otras se detiene un poco y apenas esboza otras. Por esta razón, Millenium no puede resumirse; es una experiencia que debe vivirse. Uno “emerge” de la lectura de las 2000 paginas como de un maremágnum.
Steig Larsson fue, hasta su muerte en 2004, redactor en jefe de una revista en la que seguramente se inspiró para aquella que da título a Millenium. Era un periodista observador de la sociedad y preocupado por la xenofobia, la violencia hacia las mujeres, los abusos del poder, la corrupción financiera o las ideologías de extrema derecha, cuestiones que no dejó de denunciar a lo largo de su carrera. Era también un apasionado de la novela negra. Según he leído, había planeado que Millenium constara de diez tomos. Su prematura muerte nos dejó solo tres, que están ya destinados a convertirse en clásicos contemporaneos.
Millenium, Actes Sud (France) 2006, 2007 y 2008.
lunes, 12 de abril de 2010
Lejos del mundanal ruido
Acabamos de regresar de diez relajados días en la costa española, lejos de televisión, computadora, internet, teléfono y demás tecnología omnipresente en nuestra vida diaria. Además de una pausa para el descanso, estos día nos regalaron conversaciones, risas, caminatas, y nos permitieron volver a descubrir el encanto de la vida sencilla. Delicioso. Regresamos descansados y energetizados para retomar el ritmo de nuestras actividades cotidianas.
sábado, 27 de marzo de 2010
Algo de lo que más disfruto
Me encanta salir a caminar, sobre todo ahora que empieza a hacer buen tiempo. Siempre llevo conmigo mi libreta de dibujo. Me gusta dejarme sorprender por los lugares, los objetos y la luz en diferentes momentos del día.
Aparador
Aparador de una vinatería italiana / Italian wine shop window
Colomba de Pascua, típico pan dulce italiano de esta temporada / Italian Easter brioche
sábado, 13 de marzo de 2010
Sábado

Al pasar hoy frente a una agencia de viajes vi este anuncio que me llenó de deseos de poder dejar obligaciones y compromisos aunque fuera por unos días para volar a mi añorada ciudad. Me quedé viendo el anuncio un buen rato mientras me preguntaba a dónde iría espontáneamente si estuviera hoy allá. Sin duda caminaría por Reforma, me adentraría en las calles de la Colonia Juárez –que alguna vez fue “mi” colonia- hasta llegar a Balderas. Pasaría un momento viendo libros y CD en los puestos de Balderas. Continuaría por la avenida Juárez hasta Bellas Artes y todo me parecería a la vez familiar e irreconocible, como si se tratara de un sueño.
Una repentina bocanada de viento helado me devolvió al momento presente y se llevó la nostalgia. Metí las manos en los bolsillos del abrigo y apuré el paso para llegar pronto al calor de casa.
sábado, 6 de marzo de 2010
Dibujos recientes
Mañana fría de marzo: cielo azul, sol y un grado centígrado a orillas del Arve.
Cool March morning walk by the Arve river, Geneva.
Escaparates de Carouge, mi barrio.
Window shopping in Carouge, Geneva’s trendy neighborhood.
Típico desayuno suizo: café, brioche, croissants y mermelada.
Typical Swiss breakfast with coffee, brioche, croissants and jam.
martes, 23 de febrero de 2010
Expresar la propia creatividad
La otra tarde, Dom llegó a casa con un regalo para mí: una magnífica libreta que invita a llenarla de sueños y de proyectos. Me encantó, pues al abrirla, descubrí que sus hojas se prestan muy bien para dibujar con lápiz, rotulador e incluso con acuarelas. Además, cabe perfectamente en la mochila que llevo conmigo cuando salgo a dibujar. Ya no está haciendo tanto frío y hasta hay sol algunos días, lo que significa que la primavera no tardará mucho en llegar, y con ella, la oportunidad de pasar más tiempo fuera, llenando mi nueva libreta con lo que vaya descubriendo. Aunque mi técnica es básica e imperfecta (¡no aspiro a la perfección!), dibujar es para mí tan placentero como necesario. Como a todo el mundo −supongo−, expresarme creativamente me ayuda a encontrar el equilibrio en la vida cotidiana, a apresar el instante presente y aunque sea por momentos, a mirar el mundo con más atención.

